Por Russell González
- Se cuenta en los pasillos del ayuntamiento meridano que hacia los últimos días de la pasada administración priista, a algunos regidores de dicho partido se les ocurrió la idea de contratar a Aron Ralston, el escalador famoso por sobrevivir en un agujero en el desierto y permanecer ahí por 5 días, y quien inspiró la película “127 horas”. Ante la conocida incapacidad de los regidores para reparar los baches de la ciudad, se buscó que el mismísimo Aron diera cursos de supervivencia en caso de que algún desgraciado ciudadano se fuera al fondo de los cráteres que florecían por la ciudad. También cuentan que el señor Ralston finalmente no accedió a la solicitud, al descubrir que si aceptaba ayudar a otros a salir de un hoyo, a él se le formaría uno muy grande en su bolsillo, dada la fama que el cabildo priista tuvo en relación al pago para sus proveedores.
- Los mismos regidores del PRI sostienen que una de sus acciones más brillantes, pero menos valoradas por la ciudadanía, fue la de combatir al mosco del dengue atacándolo con armas voladoras, a través de una guerra aérea comandada por moscas. Cansados de que los pusilánimes meridanos no hicieran nada por cuidar su salud, los regidores se tomaron la molestia de organizar un proyecto por demás novedoso: por esta razón y no por otra cosa, de manera estratégica dejaron de recoger la basura de las casas, negocios y lugares públicos para que un enorme ejército de moscas creciera por todos los rincones de la ciudad con la seguridad de que dichos insectos atacaría al mosquito del dengue hasta llevarlo al exterminio. Sin embargo, semejante nivel de guerra biológica no fue entendida por el vulgo de la ciudad, que sin más se quejaba de manera amarga y desagradecida. Al final, ni las moscas ni los moscos ganaron; solo las ratas…del Palacio.
- También se cuenta entre las intrigas palaciegas del cabildo meridano, que en el fondo de un cajón del archivo muerto de la ex alcaldesa se encontró un documento con el sello de la CIA, sepultado bajo recortes de Shakira, paquetes de uñas postizas chinas, cedés piratas de photoshop y contenedores de bótox. En aquel documento clasificado se emitía una alerta migratoria que abarcaba desde McAllen, Texas hasta Dzemul, Yucatán. ¿El motivo? La agencia de inteligencia estadounidense sospechaba que una célula de Hezbolá se había afincado en Mérida. Aún más grave, los gringos tenían la firme sospecha de que las armas iraquíes de destrucción masiva estaban enterradas cerca de la ex glorieta de la colonia México (“ Burguer King square” afirman que señala el documento). Bajo ese argumento, era imperativo realizar excavaciones para encontrar dichas armas, por lo que urgían a la alcaldesa que, bajo cualquier pretexto, cerciorara que bajo las lajas (que no bajo tierra) efectivamente no existiera peligro alguno. El resto de la historia todos lo conocemos, sin embargo recientes detenciones de libaneses en Francisco de Montejo nos hacen pensar que esta historia aún da para más.
- Algunos enterados de los intrígulis palaciegos priistas rumoran que otro de los proyectos fabulosos y de vanguardia que esos militantes llevaron a cabo fue el de transformar la manera en que la gente de bajos recursos tiene acceso a esos programas de sano esparcimiento, enriquecedores y edificantes que son las telenovelas. Basados en la premisa de que la gente “humilde” no tiene televisor con pantalla plana, en vez regalar dichos aparatos (no los vayan a acusar de populistas) tuvieron a bien traerles en vivo y a todo color a los actores para que, a las mismísimas puertas de sus chozas y casas, cerca de cenotes, haciendas y colonias populares, realizaran las filmaciones sin ningún costo para los espectadores. Esto, señores, es cultura participativa de primer nivel (primer nivel de gobierno, se entiende, porque los del segundo nivel para abajo no tuvieron acceso a las cenas elegantes y a las fotografías con los mencionados actores y
meretricesactrices).
Por último, las malas lenguas que rondan la Plaza Grande no dejaron reflexionar el motivo de la última fiesta particular de la Góber Hermosa (léase Hermosona), celebrada en el museo Mundo Maya. ¿A qué se debe que durante su administración la góber viviera en el jolgorio constante? se cuestionaban. He aquí algunas de las conclusiones a las que llegaron:
- Cuentan que allá en su natal Dzemul, la Góber nunca tuvo fiesta de cumpleaños, celebraciones de año nuevo ni mucho menos fiesta de XV años. Vaya, nunca supo lo que era un pastel hasta la edad de 16 años. También, las mismas lenguas (y gente que la conoció desde su tierna infancia) comentan que no tuvo televisor hasta entrada la pubertad, y que el primero que tuvo fue regalo de su tío, otro Góber (no precioso, pero sí nebuloso). Y ya encarriladas, las mencionadas lenguas viperinas informan que el único avión que conoció hasta tercero de secundaria (su último grado de estudios) fue el que pintaba con carbón en el patio de su casa y que se conoce como localmente como chácara, o matatena.
- Es por esto que al tener la oportunidad se dedicara en cuerpo y alma al festejo, a cortejar a la farándula (solo de Televisa puesto que era la única señal que llegaba hasta Dzemul), a viajar en avión para asistir a cuanto evento priista se armese en cualquier parte del país; a posar en pasarelas junto a reinas de belleza y galanes de ocasión; a asistir a conciertos musicales de pompa, bombo y platillo; a figurar en cualquier escaparate, cartel, promocional, afiche, póster, anuncio, espectacular, aviso, publicación, periódico afín, nota rosa, campaña (que puede ir desde la prevención del cáncer de mama hasta proteger al mapache yucateco, tan útil en tiempos electorales) ; a cenar con gobernadores y funcionarios en exclusivos restaurantes. En resumen, que la Góber de la diversión de a montón y el gasto sin rastro se la pasó bomba por justificadas y explicables razones…. pero eso sí, cuidando de pasar al menos 20 días al mes en el estado (de México, Veracruz, Tabasco, Coahuila, Nuevo León o cualquier otro que no sea Yucatán, claro).
Mientras tanto los ciudadanos veían “de lejitos” la continua pachanga, como aquellos habitantes de pueblo que se conforman con ver la fiesta del lugar desde la reja de entrada. Solo que esta vez, la fiesta es con su propio dinero.













