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Por Russell González

  • Se cuenta en los pasillos del ayuntamiento meridano que hacia los últimos días de la pasada administración priista, a algunos regidores de dicho partido se les ocurrió la idea de contratar a Aron Ralston, el escalador famoso por sobrevivir en un agujero en el desierto y permanecer ahí por 5 días, y quien inspiró la película “127 horas”.   Ante la conocida incapacidad de los regidores para reparar los baches de la ciudad, se buscó que el mismísimo Aron diera cursos de supervivencia en caso de que algún desgraciado ciudadano se fuera al fondo de los cráteres que florecían por la ciudad. También cuentan que el señor Ralston finalmente no accedió a la solicitud, al descubrir que si aceptaba ayudar a otros a salir de un hoyo, a él se le formaría uno muy grande en su bolsillo, dada la fama que el cabildo priista tuvo en relación al pago para sus proveedores.

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  • Los mismos regidores del PRI sostienen que una de sus acciones más brillantes, pero menos valoradas por la ciudadanía, fue la de combatir al mosco del dengue atacándolo con armas voladoras, a través de una guerra aérea comandada por moscas. Cansados de que los pusilánimes meridanos no hicieran nada por cuidar su salud, los regidores se tomaron la molestia de organizar un proyecto por demás novedoso: por esta razón y no por otra cosa,  de manera estratégica dejaron de recoger la basura de las casas, negocios y lugares públicos para que un enorme ejército de moscas creciera por todos los rincones de la ciudad con la seguridad de que dichos insectos atacaría al mosquito del dengue hasta llevarlo al exterminio. Sin embargo, semejante nivel de guerra biológica  no fue entendida por el vulgo de la ciudad, que sin más se quejaba de manera amarga y desagradecida. Al final, ni las moscas ni los moscos ganaron; solo las ratas…del Palacio.

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  • También se cuenta entre las intrigas palaciegas del cabildo meridano, que en el fondo de un cajón del archivo muerto de la ex alcaldesa se encontró un documento con el sello de la CIA,  sepultado bajo recortes de Shakira, paquetes de uñas postizas chinas, cedés piratas de photoshop  y contenedores de bótox. En aquel documento clasificado se emitía una alerta migratoria que abarcaba desde McAllen, Texas hasta Dzemul, Yucatán. ¿El motivo? La agencia de inteligencia estadounidense sospechaba que una célula de Hezbolá se había afincado en Mérida. Aún más grave, los gringos tenían la firme sospecha de que las armas iraquíes de destrucción masiva estaban enterradas cerca de la ex glorieta de la colonia México (“ Burguer King square” afirman que señala el documento). Bajo ese argumento, era imperativo realizar excavaciones para encontrar dichas armas, por lo que urgían a la alcaldesa que, bajo cualquier pretexto, cerciorara que bajo las lajas (que no bajo tierra) efectivamente no existiera peligro alguno. El resto de la historia todos lo conocemos, sin embargo recientes detenciones de libaneses en Francisco de Montejo nos hacen pensar que esta historia aún da para más.

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  • Algunos enterados de los intrígulis palaciegos priistas rumoran que otro de los proyectos fabulosos y de vanguardia que esos militantes llevaron a cabo fue el de transformar la  manera en que la gente de bajos recursos tiene acceso a esos programas de sano esparcimiento, enriquecedores y edificantes que son las telenovelas. Basados en la premisa de que la gente “humilde” no tiene televisor con pantalla plana,  en vez  regalar dichos aparatos (no los vayan a acusar de populistas) tuvieron a bien traerles en vivo y a todo color a los actores para que, a las mismísimas puertas de sus chozas y casas, cerca de cenotes, haciendas y colonias populares, realizaran las filmaciones sin ningún costo para los espectadores. Esto, señores, es cultura participativa de primer nivel (primer nivel de gobierno, se entiende, porque los del segundo nivel para abajo no tuvieron acceso a las cenas elegantes y a las fotografías con los mencionados actores y meretrices actrices).

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Por último, las malas lenguas que rondan la Plaza Grande no dejaron reflexionar el motivo de la última fiesta particular de la Góber Hermosa (léase Hermosona), celebrada en el museo Mundo Maya. ¿A qué se debe que durante su administración la góber viviera en el jolgorio constante? se cuestionaban. He aquí algunas de las conclusiones a las que llegaron:

  • Cuentan que allá en su natal Dzemul, la Góber nunca tuvo fiesta de cumpleaños, celebraciones de año nuevo ni mucho menos fiesta de  XV años. Vaya, nunca supo lo que era un pastel hasta la edad de 16 años. También, las mismas lenguas (y gente que la conoció desde su tierna infancia) comentan que no tuvo televisor hasta entrada la pubertad, y que el primero que tuvo fue regalo de su tío, otro Góber (no precioso,  pero sí nebuloso). Y ya encarriladas, las mencionadas lenguas viperinas informan que el único avión que conoció hasta tercero de secundaria (su último grado de estudios) fue el que pintaba con carbón en el patio de su casa y que se conoce como localmente como chácara,  o matatena.
  • Es por esto que al tener la oportunidad se dedicara en cuerpo y alma al festejo, a cortejar a la farándula (solo de Televisa puesto que era la única señal que llegaba hasta Dzemul), a viajar en avión para  asistir a cuanto evento priista se armese en cualquier parte del país; a posar en pasarelas junto a reinas de belleza y galanes de ocasión; a asistir a conciertos musicales de pompa, bombo y platillo; a figurar en cualquier escaparate, cartel, promocional, afiche, póster, anuncio, espectacular,  aviso, publicación, periódico afín, nota rosa, campaña (que puede ir desde la prevención del cáncer de mama hasta proteger al mapache yucateco, tan útil en tiempos electorales) ;  a cenar con gobernadores y funcionarios en exclusivos restaurantes.  En resumen, que la Góber de la diversión de a montón y el gasto sin rastro se la pasó bomba por justificadas y explicables razones…. pero eso sí, cuidando de pasar al menos 20 días al mes en el estado (de México, Veracruz, Tabasco, Coahuila, Nuevo León o cualquier otro que no sea Yucatán, claro).

Mientras tanto los ciudadanos veían “de lejitos” la continua pachanga, como aquellos habitantes de pueblo que se conforman con ver la fiesta del lugar desde la reja de entrada. Solo que esta vez, la fiesta es con su propio dinero.

Por Pável Osorio Belmon

La verdad es que me cuesta trabajo entender cuando algún conocido (o para ser más exactos,  alguna conocida) manifiesta que “odia al futbol”. ¿Algún pelotazo en la cabeza le habrá provocado una especie de condicionamiento pavloviano? Porque para mí la frase carece totalmente de sentido. Como actividad humana no le veo al fútbol más defectos que los propios de la práctica de cualquier deporte, y sí muchas de sus cualidades. Inclusive varios individuos que se la dan de psicólogos por ahí no dudarían en recitar aquella vieja perorata: que el ejercicio de cualquier juego o deporte le enseña a los niños a respetar reglas, trabajar en equipo, la importancia de la disciplina, de la solidaridad, del liderazgo, etcétera, etcétera.

Claro, los resentidos también podría salir con el “argumento” de que hay cosas más importantes que el fútbol, ¿no? Y entonces ahí ya se nos acaba la plática.

“Yo también quiero que Joseph Blatter me regale una beca”.

Ahora; que si lo detestable del fenómeno futbolero es la parafernalia que se genera alrededor del fútbol, entonces ya estamos hablando completamente de otra cosa. Y tiendo la mano en señal de acuerdo.

He tenido quince días de Eurocopa en Berlín y han sido más que suficientes. Esa fiebre futbolera que se padece con especial fruición en nuestras latitudes más tórridas también hace estragos en estos llanos. Y como el equipo nacional germano mantiene siempre un nivel de calidad más que aceptable en estas lides, la fiebre viene acompañada de una insufrible pedantería y arrogancia. Agréguese al potaje dos cucharas soperas de nacionalismo y obtiene uno la receta de la paranoia perfecta, siendo un extranjero.

Nunca en mis casi dos años aquí había visto tantas banderas alemanas en espacios públicos. Por supuesto, esos fervores patrios no tendrían porqué espantarme si recordamos los orgullos chabacanos de las fiestas de independencia mexicana, u otras manifestaciones francamente estúpidas como las banderitas yucatecas.

El tema aquí es que los orgullos patrios son asuntos sumamente delicados en Europa. Cualquier exabrupto de nacionalismo hace que más de uno levante la ceja. Si alguien considera que exagero, me permito comentar que estas manifestaciones pueden llegar a ser tan de mal gusto, que inclusive algunos ciudadanos locales se organizan en brigadas clandestinas para descolgar las mentadas banderas de los balcones. Pena ajena (o muy propia) han de tener.

“¡Atención fans: estos tipos se roban nuestras banderitas!”

Soslayemos por un momento los otros dos lastres que se asocian con frecuencia al fútbol: el omnipresente machismo y esa mafia maloliente llamada FIFA. Sigamos por el tema del nacionalismo y analicemos esta bonita declaración:

Nuestros jóvenes demostrarán que los alemanes no solo son capaces de trabajar y de ahorrar, sino también de jugar al fútbol”.

Esta perla la soltó un aficionado alemán antes del juego contra Grecia. Para como están las cosas ahora con las deudas, la repartición de culpas por la crisis del euro y esos temas, esta afirmación, dicha al calor de unas cervezas, podría pasar por una bravata ingeniosa, pero inofensiva y hasta considerada. El problema es que quien la articuló no fue cualquier aficionado de café, sino el mismísimo Ministro Federal alemán del Interior, el bávaro Hans Peter Friedrich. Y bajo esta perspectiva la sentencia no sólo parece carente de sutileza, sino completamente insensata. Si Herr Hans hubiese soltado lo anterior en cualquier cantina con griegos presentes, probablemente se hubiese ganado unos buenos navajazos en los cachetes.

Lo más irónico del caso es que tengo la impresión que la composición multicultural de la mayoría de las selecciones europeas actuales no está siendo aprovechada en su máximo potencial para promover la tolerancia. Algunos tímidos esfuerzos se hacen al respecto; por ejemplo,  el presidente turco siempre pone a Mesut Özil como ejemplo de “integración”, porque el chico habla alemán sin acento turco. Pero allí es precisamente donde esos esfuerzos no me convencen: los discursos oficiales nunca cuestionan la existencia de conceptos tales como “naciones” y “territorios”, y siempre “sugieren” que todo el esfuerzo de “integración” debe ser asumido por los malvados entes que vienen de “fuera”.

Aún con estos sinsabores, a mí me gusta sentarme a mirar un partido de fútbol, con la esperanza de pasar un buen rato disfrutando del ingenio y la habilidad del ser humano al servicio del esparcimiento. Qué le vamos a hacer, pertenezco al club de los mendigos del fútbol, como los llama Galeano en su hermoso libro sobre el tema.

¿Por qué no podría sentarse uno a contemplar de manera serena el espectáculo, tal como se disfruta la transmisión de un ballet o de la ópera, sin estarle gritando a la televisión como energúmeno? Algunos de mis amigos ya lo hacen: le quitan el volumen a la nefasta narración televisiva y ponen en su lugar su disco favorito como música de fondo; o de plano, prefieren el ruido del tráfico antes que los berridos de ciertos cronistas deportivos. Esto es lo que sugería a mi esposa, mirar un juego sin sonido, en franca estrategia para contar con su presencia durante la transmisión de la semifinal Alemania vs. Italia.

Por fortuna, dentro de los momentos insufribles que me han tocado vivir aquí con respecto a esta competencia, me encuentro a veces con excentricidades dignas de ser experimentadas. Y esta excentricidad me llegó justo a tiempo, caminando un día por la calle y pasando frente a un templo evangélico:

“Video proyección del partido: sin narración, con música de órgano en vivo de famosas películas mudas”.

Así que la tarde fue redonda: fuimos a la iglesia de Emaús a ver el juego; hubo vino, la gente se portó de maravilla y un tipo la mar de simpático (al que no hace mucho le gritaban que no había italianos negros) le metió dos pepinos a los alemanes y los dejó fuera de la justa.

Hoy por la mañana, ya de mejor humor,  salí a husmear por el barrio a ver si las banderas teutonas desaparecían de a poco. Fue así, pero conforme iba avanzando recordaba que los italianos son una de las minorías más numerosas en esta ciudad…

Suspiro.

Algún día desaparecerán estas tonterías de los colores, que a mí sólo me gusta apreciarlos en el plumaje de los pajaritos.

Por Russell González

Indigna.

Cada cartel, cada batucada, cada propaganda que unas personas (la gran mayoría de ellas ajenas a los partidos políticos, sin la menor idea de lo que una campaña electoral debe ser) me entregan en los semáforos; en cada estruendo de grandes bocinas que a ritmo de música pegajosa inundan calles y esquinas de la ciudad; en cada papelito con la cara de alguna candidata y candidato que encuentro enrollado en la reja de mi casa al llegar por las noches;  cada vez que encuentro alguna calle cerrada con sillas en el medio y un grupo musical animando a los asistentes, bajo la enorme manta del candidato o candidata sonriente que se promueve.

Siento la indignación y pregunto ¿es esto una campaña política? ¿Es justo que nos cueste literalmente millones y millones de pesos? ¿Dónde está la discusión, la propuesta pensada y razonada? A los ciudadanos, a fuerza de la convivencia de estas pseudo campañas, ya hasta nos parece natural. Natural que veamos un derroche de recursos pero que no nos preguntemos (y cuestionemos a los partidos) acerca de ese dinero que se desperdicia, y los que lo hacemos no actuemos al respecto, en consecuencia. Porque si yo veo a un partido político gastando a manos llenas en carteles, pintura de bardas, mítines, regalitos, camisetas, trabajadores para repartir propaganda, etc., ¿qué hago, a través de qué medio la democracia me permite demostrar mi desacuerdo? Ya que lo que veo es que no se respeta el dinero que debe ser aplicado en beneficio de todos los ciudadanos. Repito, en beneficio de todos los ciudadanos. Nadie puede argumentar que esa no es la más elevada y principal de las misiones de cualquier partido político. Por tanto, si alguno de ellos derrocha dinero, ¿por qué le voy a dar el control de la administración de mi ciudad para que lo derroche aún más? Es simple, si trabajas para ganar dinero y lo entregas en tu casa para ayudar a la economía familiar, pero a la persona que se lo entregas lo despilfarra sin beneficiarte y beneficiar a los que viven en ella, ¿se lo seguirías dando? ¿Por qué votar por propuestas de nulo valor o poca credibilidad?

Dime, ¿sabes cuántos empleos hay en tu ciudad y cuántos se pueden crear? ¿Sabes cómo calcular el costo real de un boleto de autobús o de un litro de gasolina y si es viable reducir su precio? Si contestaste que no, ¿por qué crees entonces en las promesas? Y es que a eso se reducen las campañas, a música, regalos, promesas, festivales; discursos que ofrecen de todo pero que no dicen qué podemos hacer como ciudadanos en caso de que no cumplan lo que dicen. Si contratas, digamos, a un plomero y le pagas por adelantado, ¿qué haces si no se presenta a laborar o no realiza la reparación para la cual le pagaste? ¿Te resignas y luego buscas a otro plomero? ¿Y a otro si tampoco el último te cumple? ¿Y así sucesivamente? ¿Y por qué entonces sí aceptamos esto de los candidatos que se convierten en funcionarios públicos?

Quizás llegado a este punto te empieces a preguntar si no hemos hecho algo completamente incorrecto como ciudadanos durante todo este tiempo. No importa si eres azul, rojo, amarillo, verde, morado o gris, del color que sea tu partido político, como ciudadano te invito a pensar que quien gane va a gobernar para todos, que lo importante no es lo que ocurra el día de la votación, sino los años siguientes que dura el mandato. Lo importante no es si gana mi candidato, si le gané al de enfrente, al del otro color, si me convino que tal o cual persona gane porque me prometió beneficios personales; lo importante es saber si el que obtenga yo esos beneficios va a lastimar el beneficio colectivo. Lo importante no es festejar la burla política hacia el contrario, sino contrastar propuestas y discutir la política (es un enorme error la frase de que sobre la política no se habla ni se discute, ya que es precisamente el espacio público por excelencia).

Tú ciudadano, que seguramente has visto carteles, mítines, las paredes pintadas y las mantas, que has recibido volantes y uno que otro regalito, piensa realmente que tu decisión no es para un partido, tu decisión abarca a toda la ciudad, que dependo de ella tanto como tú dependes de la mía y de la de muchos miles de ciudadanos. Si nunca has realmente razonado tu voto, te pido que lo hagas por ti, por tu familia, por mí, por tus vecinos. Piensa que tu decisión va a marcar la calidad de vida de todos, y que si después te descubres “engañado” por alguna candidata o candidato, tuviste el tiempo y los elementos suficientes para haberte dado cuenta que, simplemente, nunca fue una buena opción. Piensa que antes que simpatizantes de diferentes partidos somos habitantes de una misma ciudad, y que está en juego la calidad de vida que queremos tener cada vez que salgamos a un parque, transitemos por una calle, necesitemos un hospital o utilicemos cualquiera de los servicios públicos.

No se trata de quién obtiene más votos al final, sino de determinar si debemos darle el control de nuestros recursos y espacio vital a la persona más preparada, honesta y capaz. Dejemos de mirar hacia atrás, miremos aquí y ahora, a quienes desean nuestro voto, pensemos en su trayectoria, capacidad y honestidad. Pensemos en qué tipo de ciudadano queremos que nos administre y gobierne.

Pensemos en que el mejor momento para decidir nuestro futuro es el momento actual. Pensemos que tenemos la oportunidad perfecta para demostrarle a los políticos que como ciudadanos podemos entendernos y respetarnos y que por ello deben respetarnos y obedecernos.

Piénsalo por favor, del color que seas. Piénsalo, simplemente, como ciudadano.

Por Russell González

No sé que vaya pasar con el facebook en el futuro. Le daría de 2 a 3 años de vida, gozando de sus actuales condiciones de fama y de los seres humanos que lo pueblan (que de acuerdo a la página web CNET rondan los 750 millones de usuarios). Si tomamos en cuenta que para fines de octubre de 2011 la población mundial está estimada en 7,000 millones, entonces alrededor del 10% de la humanidad actual es parte de esta red social. ¿El 10%? ¿Pero cómo? Yo pensé que serían más, si hasta mi tía de 83 años y que está conectada a un respirador artificial tiene su “face” y los 2 perros de mi vecina poseen su propia cuenta (administrada, claro, por su dueña, no se crea que por ellos mismos, aunque ella insiste en presentarlos en sus respectivos perfiles hablando en primera persona).

Sin embargo la cosa toma otro color cuando, haciendo el mismo cálculo pero ahora considerando únicamente a  la población mundial estimada de internautas, este índice de usuarios de facebook se instala en el 38%. O sea, casi 4 de cada 10 personas con acceso a internet en el mundo tiene una cuenta y su respectivo perfil, muro, fotos, etc., etc., etc.

Por ello, tengo una gran curiosidad de saber el porqué demonios una de las maravillas tecnológicas más grandes que ha inventado el ser humano (el internet) es profusamente utilizado para una de las actividades más insulsas de que el hombre tenga memoria, solo superada en insensatez por la entomofagia, las predicciones de Walter Mercado o los debates de aspirantes presidenciales.

Vamos por partes. Casi nunca entro al “face”. No lo digo con pesadez u orgullo, solo lo digo. Enterarme de lo que hay en mi “muro”, ver mis “notificaciones” y demás representa tanta diversión para mí como sentarme a mirar que se seque la pintura fresca en una pared. Pero empecé a sospechar que me estaba perdiendo de algo cuando mi teléfono sonaba cada vez menos, mi correo electrónico casi no recibía mensajes (salvo los correos “basura” de siempre, que te intentan vender por ejemplo un fabuloso crucero por el mar Tirreno o milagrosas pastillas para recuperar la perdida orgánica de melanina) y dejé de asistir a eventos, fiestas o reuniones, ya que casi nunca me enteraba de ellas. O más bien, me enteraba después de que habían ocurrido.

Mi amigo: Que onda Russell, no te vi en la fiesta de la generación de la prepa; fueron todos.

Yo: Hola, es que no me enteré

Mi amigo: ¿No te llegó la invitación por facebook?

Yo: Mm…

Otro amigo: Russell, no has ido a ver a mi esposa, después de su operación a corazón abierto

Yo: Lo siento, no sabía, ¿Cómo está?

Otro amigo: pues entra al “face” a ver las fotos, por ahí avisé desde el hospital el día de la cirugía.

Yo: Mm…

 

Me pregunto qué hubiera pasado si el facebook existiera desde siempre…

Jesucristo: hoy es la última cena…y solo veo en la mesa a  11 apóstoles

Santiago el mayor: Maestro, me enteré que Judas tiene problemas con su “face”…

Jesucristo: me lleva…hasta se lo envié por inbox… es indispensable, sin él no hay cena.

 

Así, entendí de forma paulatina, casi dolorosa, que no es que mis amigos y familiares hayan estado muriendo y por tanto ya casi no supiera de ellos, sino que prácticamente todos habían decidido trasladar sus vidas a un universo paralelo llamado facebook.  También entendí que por no haberlo hecho a tiempo, el que estaba muriendo socialmente era yo.  Así pues, decidí emprender mi propia migración hacia la red social, en pos de mis congéneres.

Y hete aquí que se me presentó un problema difícil de resolver, ya que al sumergirme en el océano del “caralibro” me encontré con que quería salir del mismo lo antes posible. Porque para ser una red que enlaza al 10% de la humanidad, el uso que se le da es de locos. O es que quizás el mundo necesitaba un contenedor lo suficientemente grande que hiciera justicia al ejercicio constitucional del sinsentido, la fruslería y la bagatela.

¿O cómo llamarle al hecho de que una amiga, lo primero que haga al abrir los ojos (porque según la hora del escrito eran las 6:00 a.m.) sea entrar a su “muro” y escribir “Mmmm, se me antoja un cafecitooo” ¿Y a mí que me importa que se le antoje dicha bebida o un daiquirí de guanábana? ¿Y a esa hora? Pero eso no es lo peor. El colmo es que apenas han pasado 9 minutos y ya otra persona le contesta “Ricooo, inivitaaaa” lo cual no sería muy raro si no es porque mi amiga vive en Mérida y la que pide ser invitada vive en Guadalajara, a 1,880 kms. También encuentro que mi “muro” contiene muchos otros mensajes interesantísimos: me entero de que una amiga hizo ejercicio desde las 8 a.m. y siendo las 6 p.m. aún no se quitaba los tenis;  que la hija pequeña de un amigo tiene una gripa ho-rri-ble; otra amiga que afirma odiar al mundo y sus respectivos 37 comentarios en respuesta de personas que le argumentan lo lindo que es vivir y que con paciencia, feng shui y amor todo se puede superar; una “conversación” entre 9 personas acerca de cuál es la mejor técnica para coser un botón; otra persona que “comparte” un video de un gato lamiéndose y una más que afirma tener mucho frío(¿?). En fin, el escaparate perfecto para la exhibición internacional de nimiedades. Celebremos la red instantánea mundial que me da el poder de conectarme a la hora que sea, a través de un maravilla tecnológica de casi el tamaño de mi pulgar para comunicarle a muchas personas al otro lado del Atlántico o del Pacífico… que acabo de entrar al súper o estoy cortándome las uñas de los pies (foto incluida).

Por otra parte,  con curiosidad descubro que tengo muchos amigos y conocidos con vena de poetas y filósofos profundamente humanistas, que me regalan y escriben perlas de sabiduría. Personas que antes, a duras penas,  sabían conjugar verbos simples en tiempo presente o hilvanar una idea propia en máximo 3 palabras, para mi sorpresa, ahora  son unos dechados literarios y comparten verdaderas joyas como Cuantas veces te caigas, levántate y revísate…No hieras al que carga un cuchillo más grande que el tuyo…La sonrisa es el coctel del banquete de la vida, pero lo más importante es alimentarte de felicidad…Siempre pienso que es gracias a ese tipo de frases que me he convertido en una mejor persona y ahora veo la vida desde una perspectiva de luz y esperanza.

Ajá. Por supuesto, acompañando a estos comentarios tampoco puede faltar la consabida carita feliz :)

¬¬

También, el “face” me ha mostrado una nueva forma de expresión, un nuevo lenguaje que se parece mucho al español pero que sospecho debe ser un derivado de una forma más antigua del mismo, y que solo practican los eruditos asiduos a la red social: consiste en alargar las palabras lo más que se pueda:

Exxxxxxxxcelenteeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee…Quieeeeeeeeeeeeeeeeeeroooo….Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii…. Amigaaaaaaaaa…. Felicidadesssssssssssssssssss…. Nooooooooooooooooooooo…. Claaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaro… Vamooooooooooossssss… Cansadiisiimmossssssssssssss…

O sea, algo así como un retruécano que en lugar de palabras utiliza letras. Asombroso es que también existan nuevas palabras, las cuales aún trato de descifrar, esperando el milagro que me descubra la piedra Rosetta del facebook y me permita saber qué significan cosas como Wwaaaa…Aaawww…k c…mxo…pk… entre otras, que solo los iniciados conocen. Noto que también varias de estas expresiones se alargan repitiendo las mismas letras, por lo que deben tener un origen etimológico común.

Por otra parte, veo que existe una paranoia para tener que responder a todo, dar el me gusta, o “devolver un toque” (sigo ignorando que significa esto) y las excesivas y consabidas gracias. En otras palabras, el facebook nos convierte en personas la mar de educadas y sociables, casi dignas de aspirar a la canonización.  Nos obliga a desarrollar y mostrar en los “muros” (nuestros y de los demás) una personalidad alterna, un “yo digital” que nos convierte en  agradables, comprensivos, amables, risueños, positivos, empáticos, receptivos, buena onda, atractivos, amigables, cariñosos, solidarios, divertidos, respetuosos, inteligentes, exitosos, sexys.  El “face” quita los defectos y nos impulsa a logros espirituales y sentimentales que nunca habíamos logrado en todos nuestros años previos de existencia.

Finalmente, y gracias al cielo, también encuentro  algunos amigos que comparten  notas valiosas y videos interesantes. Aliviado veo que las neuronas pueden tener algún espacio en la red. Esto último es lo que me anima a tener esperanza y pensar que aún podré sobrevivir en la comunidad digital, ahora tan lejos de la sociedad real pero tan cerca del facebook.

Por Jorge Carlos Cortazar Sabido

Para la Dra. Denise Dresser

Si de algo me han convencido tanto los candidatos presidenciales como los involucrados en la elección estatal y local es de lo siguiente:

  1. Todos quieren lo mejor para nosotros y saben cómo lograrlo, aunque no consideran importante explicar exactamente cómo hacerlo.
  2. No importa cuáles sean las contingencias y/o imponderables que se darán lugar en el escenario político, social y económico internacional; los (ellos y ella) candidatos, con ayuda de las potencias celestiales que providencialmente asisten a la investidura presidencial, veralán porque la economía se mantenga fuerte y pujante, el “tejido social” se reconstruya y todos nosotros avancemos, hombro con hombro, hacia un horizonte de gloria y prosperidad.
  3. No importa quién de ellos obtenga la banda tricolor; con su llegada a Los Pinos la corrupción será un recuerdo antediluviano, una oscura superstición que los abuelos contarán a nietos de ojos desorbitados y boquiabiertos, al tiempo que luchan contra los embates de la demencia senil.
  4. Los candidatos a la presidencia y la clase política mexicana están conformados por los mejores hombres y mujeres que un país puede dar, ya que son por naturaleza incapaces de cometer errores, y por tanto no tienen razones para articular disculpa alguna con respecto a nada de lo que dicen, hacen u omiten.
  5. Todos dicen la verdad.

No hay ironía alguna que mancille lo dicho anteriormente, más bien es fruto de prolongadas reflexiones y de la involuntaria exposición hacia estos personajes cuyos afanes incluyen todo un despliegue iconográfico comparable únicamente a los techos de la Capilla Sixtina, que incluyen agarraderas de autobuses con sus nombres y caras, tamborileros asolando calles de zonas residenciales y comerciales, mantas en fachadas de predios, monigotes recortados que se asientan felizmente en techos, rejas y postes, y otro largo etcétera; para hacerme saber que ellos (y ella), y sólo ellos (y ella) son los únicos seres vertebrados capaces de procurarme la dicha prometida en la revista Atalaya.

Lejos de ofrecer un consuelo, o por lo menos cierto grado de certeza para inclinar la balanza de lo que se perfila como la decisión más importante que me (nos) aguarda a los mexicanos,  analizando concienzudamente las propuestas, debates, entrevistas con la y los candidatos, con todo y sus jefes de campaña,  siento que de entre tanta virtud e infalibilidad anunciada mi decisión con respecto a la dirección de mi voto necesita un nuevo paradigma que justamente consiga fundamentar mi preferencia hacia  la persona que merece, por encima de todos los demás, conducir nuestro destino. De pronto, como a Arquímedes en su bañera y como a Newton bajo el manzano, llegó a un servidor el Criterio Definitivo; el Argumento Irrebatible que me ha alejado de forma definitiva del pernicioso voto nulo. Es por ello que hoy, más que nunca, me siento con la absoluta confianza de compartir y proponer al que sé es la opción que conducirá el destino de México a donde ya les dije: Enrique Peña Nieto.

Sí.

Ya no puedo seguir contemplando a mi país hundido en la abulia y mucho menos en la tramposa comodidad del  Voto Nulo. Los argumentos en su contra vuelan en varias direcciones; sin embargo coinciden en el mismo punto: anular el voto significaría beneficiar al “puntero” en las encuestas. Pues bien, por mi los “indecisos” pueden anular cuanto les inspire el Manto de la Virgen. Su votación tácita nos servirá muy bien a quienes tenemos la fortaleza moral, espiritual y física para tomar decisiones de verdad.

¿No sabes por quien votar? Mírale bien el paquete

Lo mejor de todo es que me siento ahora en la mejor de las compañías, ya que no puedo concebirme departiendo en medio de consignas e insultos hacia El Candidato con mozalbetes pequeñoburgueses de la Ibero, ni con esos fósiles comunistas que dicen estudiar antropología o ciencias políticas de la UNAM. Peor aún; con esa otra caterva salida del ejército rojo: comunistas con dinero. Mucho menos pienso unirme a los orates que conforman a la multitud delirante nostálgica del estalinismo de AMLO y compañía. En cuanto al Ing. Gabriel Quadri solo hay que aplaudirle su incontinencia vicaria ante la edecán del ¿célebre? debate. Por lo demás, me trae sin cuidado sus ínfulas de ciudadano montado en su combi mugrosa y su mirada pazguata detrás de su bigote y gafas. Además me caga el tribal. En cuanto a Josefina Vázquez Mota, bastan los siguientes párrafos que ilustrarán igualmente de forma tácita e inmejorable el criterio determinante de mi decisión, propuesta e invitación.

En primer lugar, Enrique Peña Nieto la tiene grande, lo que a su vez supone varias cosas. Entre ellas, tiene suficiente para dar y repartir. No me detendré a tumbar los malintencionados rumores y sospechas infundadas que acusan una conspiración para deshacerse de su difunta primera esposa. Infundios de una prensa izquierdosa de la peor calaña. Además ¿quién quisiera confiar en ese íncubo que responde al nombre de Jorge Ramos que se anda dando la gran vida (y por un rato a Ana de la Reguera) en Estados Unidos, con sus preguntitas incómodas y fuera de itinerario? Pero continuemos con lo verdaderamente importante.

Enrique Peña Nieto la tiene realmente grande. Si a alguien le caben dudas, me permito recomendar la puntual investigación periodística de Alberto Tavira “Las Mujeres de Peña Nieto” (Ed. Océano, 2012.) Realmente me río de aquellos editorialistas que andan clamando a gritos las “infidelidades” de ya asumido (con justísima razón) próximo Presidente de los Estados Unidos Mexicanos. Pobres ingenuos, confunden infidelidad con generosidad y desinterés. Aún más, con sus actos poliamorosos Enrique Peña Nieto hace una declaración de principios sociales y políticos echando por tierra la patraña de la monogamia. No me cabe la menor duda que por ahí se viene una importante “reforma estructural” al Código Civil. Así que a quién coño le importa a cuántas se ha tirado el hombre. Si los periodistas hicieran bien su trabajo enseguida descubrirían que fueron ellas las que seguramente lo provocaron. Y respecto a los críos que son fruto de su poderosa simiente son otra prueba fehaciente de que Peña Sí Cumple.

Así que por favor, ya perdimos suficiente tiempo todos los que en algún momento nos manifestábamos como indecisos o incluso nos sumábamos a los exhortos de la Dra. Denise Dresser respecto a la anulación del voto. Lamento que una académica de su estatura se haya parapetado en los quiméricos y atávicos terrores al supuesto peligro que representa Enrique Peña Nieto. Pamplinas.

Una última y definitiva consideración

Tratemos de separarnos por un momento del ruido y el vértigo tan característico de nuestros días. Cerremos los ojos y pensemos en nuestro presente, en el futuro que tan lejano nos parece pero que tanto deseamos. Una casa, un coche, una pareja; hijos que nos sonríen y se harán cargo de nosotros en nuestros años dorados. El jefe de la familia ofreciendo el sudor de su frente y un ocasional desvelo para procurar lo mejor a los suyos, con una sonrisa en los labios sabiendo que su patrimonio y seguridad están asegurados en un país conducido por un hombre apuesto, viril y de ideas claras. Un hombre de verdad que no cejará hasta que el águila devore a la ponzoñosa serpiente cuya ominosa longitud y grosor amenaza con echar por tierra nuestros más grandes anhelos.

Me refiero a un hombre llamado Enrique Peña Nieto, quien al terminar cada día, y  antes de permitirse el descanso junto al cuerpo cálido de su Gaviota, hará la última visita obligada al baño. Habiendo dado unas palmadas en la espalda a los fornidos representantes del Estado Mayor, cruzará el marco de la puerta, a media luz cuidando de no despertar a nadie. Levantará la tapa del excusado y se permitirá apoyar el peso de su cuerpo y el peso de nuestra gran nación sobre su mano derecha.  Los azulejos reflejarán su porte presidencial, con la inusual dignidad que reserva un momento tan íntimo y necesario como aquel. Se bajará la cremallera con la mano izquierda. Tal vez se permitirá el lujo –uno de los pocos que podrá darse- de dejar que su pantalón caiga hasta los tobillos. Tomará entonces su miembro, sentirá su peso y apenas logrará rodearlo con la mano. Incluso deberá utilizar ambas para poder sostenerlo y procurar que la perfecta curva de orina trace algo parecido a un arcoíris o quizá a una caprichosa catarata dorada hacia el fondo del retrete. Sus ojos vidriosos por el escaso sueño que se procura se iluminarán al atestiguar el portentoso espectáculo que en ese momento será privativo de su mirada. Un bello miembro en señorial reposo; sin circuncidar, con las venas en los lugares adecuados. Mirará ese tronco de carne unido a su cuerpo en cuya base crece una tempestuosa mata de pelo hirsuto.  Sé que sonreirá satisfecho, empuñando  el mástil que sostendrá todas las banderas, silbará todos los himnos, e indicará el camino a seguir.

Pongámonos nosotros de la misma forma, en sus manos.

Mérida, Yucatán. 2012

Por Russell González

La visión sigue siendo corta, el entendimiento poco, la razón pueril, la emoción errada. En un país de enormes retos y desafíos, en una oportunidad que solo se abre cada 6 años, los candidatos a la presidencia siguen visitando los lugares comunes, habitando solamente sus colores partidistas, escuchando y aprobando las voces de sus lacayos, ignorando y despreciando a quienes no piensan como ellos. “Respeto a quienes piensan diferente” dicen, pero sus acciones dicen lo contrario. Este país no necesita solo respeto a quienes piensan diferente, requiere urgentemente que  “eso” que es diferente sea sumado a las propuestas y acciones como parte de su pluralidad.

Los candidatos, con lo que les queda de razón, razonan pero lo hace equivocadamente. Elevan la voz pero los caracteriza el tono apagado. Mismo tono monótono, el de siempre. Para sus exhortaciones. Para sus afirmaciones. Para sus interrogaciones. Para sus negaciones. Para sus exclamaciones. Siguen siendo los mismos de hace tanto. ¿Fueron alguna vez? Ahora ofrecen ser de nuevo pero siendo otros. Al final solo son el mismo tono apagado.

La sociedad (léase los ciudadanos) exigen y vuelven a esperar; los candidatos prometen hacia adelante pero miran hacia atrás. Están de espaldas a la sociedad y con los ojos cerrados. Si sus ojos estuvieran abiertos habrían visto al menos la sombra de un cambio.

Los partidos políticos se inventaron a sí mismos hace años, les gustó su invento y ahí se quedaron. También se inventaron un sistema político para tener compañía. Y los ciudadanos se quedaron afuera. Los partidos no requieren más compañía para acompañarse que ellos mismos. Y ahí se quedan. ¿Qué partido sería la mejor compañía para la sociedad? ¿Cuál es el más apto? ¿Sería una ayuda para la sociedad tener esta compañía, que solo distingue fronteras entre los que están en el sistema de partidos y los de afuera?

Los partidos están definidos por lo que son y también por aquello con lo que, y aquellos con quienes, se relacionan. La relación es un modo de ser. Es tanto reconocer que son lo que dicen y cómo lo dicen. Si la sociedad desatiende cuáles han sido las relaciones de los partidos con la corrupción, el autoritarismo, la opacidad, el nepotismo, el robo, el fraude, estaría desatendiendo quiénes son éstos que nuevamente aspiran a gobernarnos. La forma de convivir, de compartir labores, tareas, trabajos, profesiones, la forma de gobernar, de gobernarnos, de relacionarnos, radica en gran parte en la calidad de la relación. Se trata de reconocer una distancia y de recorrerla. Una buena relación con la acción es la mejor palabra, el mejor relato, el mejor discurso. Sin embargo, para los partidos la retórica es lo único que nos ofrecen, haciendo más grande la distancia que nos separa de ellos.

Un candidato acorralado por estudiantes preguntó recientemente ¿allá afuera hay salidas para salir [sic]? La sociedad espera que sí, que los partidos y sus candidatos construyan vías de salida reales, honestas, eficaces a los problemas que aquejan al país, a las ciudades, a las comunidades; que ideen y ejecuten salidas creativas hacia el progreso, hacia la mejora en la calidad de vida,  de educación; que rompan con su ensimismamiento y  salgan a entablar un diálogo constructivo, plural e incluyente con los que no pensamos como ellos y con los que no pertenecemos a ellos. Que abran la vía para salir del subdesarrollo, corrupción, atraso, pobreza. Que entiendan que, más que buscar solo salidas a los problemas, deben proveer  entradas a soluciones.

Carta abierta al periódico Por Esto!

Miguel Menéndez Cámara

Subdirector General del diario Por Esto!

Primero que nada, nobleza obliga: gracias por haber concedido la portada y contraportada de su edición con fecha 24 de mayo de 2012, a la Marcha #YoSoy132; particularmente sus ocho páginas de cobertura a su expresión local acontecida en el centro de la ciudad de Mérida.

Segundo, les escribo en referencia a su editorial titulado “Para que NO se olvide”, aparecido en la misma publicación en la página 2 de la sección “Ciudad”. En dicho texto ustedes realizan una serie de puntualizaciones para aclarar que algunas de nuestras consignas no se ajustan a la realidad; al menos no a la realidad de su diario. Sus argumentos en general se resumen al siguiente: que ustedes siempre han dado difusión a las expresiones de indignación de la sociedad mexicana.

Y me dirijo a ustedes porque me queda la desagradable sensación de que no están haciendo una lectura adecuada de nuestras manifestaciones de rechazo. O son ustedes unos ingenuos irredentos o unos cínicos mayúsculos. Otorgaremos caballerosamente el beneficio de la duda y asumiremos lo primero.

Para que NO se confundan: nadie les está acusando de no dar espacio o cobertura a este movimiento. Se les acusa, al igual que los demás medios locales, de tomar una nota y torcerla a conveniencia para favorecer sus intereses particulares.

Yo fui parte de las cientos de personas que gritó consignas en su contra. Ustedes bien saben que no fuimos ni reclutados ni enviados por un grupo antagonista al suyo, si es que existe tal cosa. Ustedes saben que la mayoría de las personas que fuimos a manifestarnos ante su diario y ante los demás medios no tenemos una agenda partidista detrás. Sólo somos ciudadanos hartos.

Y si en algún momento les gritamos “¡prensa vendida!” no es porque tengamos la prueba de que ustedes lo sean. Interpreten bien estos gritos: los hicimos porque es la impresión que ustedes nos están dando todos los días a nosotros, repito, ciudadanos sin filias partidistas. Así que han de reconocer que algo están haciendo mal, carajo. Que tienen un amplio margen de mejora.

Pedimos información puntual, no manipulada. Un manejo honesto de las noticias. Esta es la esencia del movimiento #YoSoy132. Ni siquiera les estamos pidiendo, al menos no a título personal, que sean completamente imparciales. Esto quizá es una aspiración demasiado elevada. Sólo les pedimos que se comporten con profesionalismo y que no traten a sus lectores como idiotas. Que remitan sus simpatías, zalamerías y resentimientos a sus secciones editoriales; al final ustedes hacen de su tribuna lo que mejor les plazca, que para eso son los espacios de opinión. A nosotros nos toca debatir y analizar sus opiniones desde una perspectiva crítica.

Pero es verdaderamente lamentable que cada nota suya esté llena de sesgos, rencores y favoritismos. Que, en el caso puntual de las campañas electorales actuales, ustedes dediquen una cantidad abrumadoramente superior de espacio a ciertos candidatos, minimizando y ridiculizando a otros. Si ustedes pretenden abrazar la tradición literaria de la picaresca, entonces sean parejos y ridiculicen a todos. Y respecto a sus pleitos familiares, organicen una cena, pierdan la llave y no salgan hasta que resuelvan sus diferencias de manera privada. No aderecen cada uno de sus contenidos con sus rencores particulares. No nos merecemos este espectáculo; pedimos aprovechar su espacio de mejor manera. Esto es lo que nos cansa; lo que nos molesta e inquieta. Lo que convierte en penoso el proceso de encontrar información valiosa (que la hay) dentro de sus páginas.

Esperamos que el hecho de haber tenido una visita de nuestra parte les mueva a la reflexión. Porque no nos cuesta nada visitarles nuevamente para recordárselos.

Pável Osorio Belmon.
Mérida, Yucatán, 25 de mayo de 2012.

Por Pável Osorio Belmon

Es mi intención con estas notas, no exentas de dolo y de malicia, el rescatar aquellos episodios donde los protagonistas no poseen nombres escritos en mármol; ni estatuas erectas en prominentes glorietas, ni apellidos que dan nombre a grandes avenidas. Lo que busco con estos garrapatos es rescatar los hechos, frecuentemente soslayados en los libros escolares, en los cuales la masa anónima participa de grandes transformaciones sociales; los momentos, minúsculos si se quiere, donde un cambio colectivo de comportamiento se relaciona a la larga con un enorme cambio de paradigmas. Quiero hablar, en resumen, de pequeñas anécdotas sobre participación ciudadana. O algo que muchos científicos sociales y otros organismos de dudosa reputación en la actualidad no dudarían en etiquetar como empoderamiento de la sociedad civil.

La primera anécdota que quisiera compartir se remonta exactamente a doscientos años atrás. Hacia fines del verano del año 1812, a lo largo y ancho de estos terrenitos conocidos entonces como Virreinato de la Nueva España, se respiró  un novísimo aire de entusiasmo, expectación y zozobra. El motivo: por primera vez los ciudadanos podrían, aunque fuese de manera indirecta, elegir mediante votación a sus autoridades. Podemos decir que con dicho episodio inició la historia de nuestros desmadres electorales.

La Constitución de Cádiz había sido promulgada el 19 de marzo del mismo año;  en ella se estipulaban reformas tan importantes como la desaparición de la figura del virrey y el reconocimiento de que la soberanía residía en la nación y no en el monarca. Se establecían figuras de representación tales como las diputaciones provinciales y los ayuntamientos de libre elección. La Pepa (que es como se conocía a la Constitución por haber sido promulgada el día de San José) significó un paso gigantesco para el desmantelamiento del antiguo régimen. No es difícil imaginar la resistencia y complicaciones estomacales que generó entre los miembros de la élite novohispana, específicamente entre el virrey y los españoles peninsulares o europeos habitantes de la Colonia, quienes veían mermados los privilegios provenientes de sus canonjías. Del mismo modo, tampoco es complicado deducir el entusiasmo y confianza que suscitó entre los ciudadanos simpatizantes del movimiento separatista que dos años antes se había echado a andar. Y he dicho ciudadanos; no súbditos; ese cambio de términos fue precisamente otro gran resultado de La Pepa.  Claro, por ciudadano debía entenderse un varón mayor de edad, con un “modo honesto de vida”. No podían votar ni frailes, ni mujeres, ni sirvientes, ni reos, ni negros. En aquella época no era muy afortunado ser una criada mujer, por ejemplo, o un prisionero negro para el caso. Agradecidos nos sentimos que esas cosas hayan cambiado hoy en día. Pero bueno, cualquier varón indígena, mestizo, criollo o blanco sí que podía votar; este hecho, considerando la época, ya era un gran avance.

Recordando el contexto en el cual todo esto se cocinaba, hemos de recordar muy brevemente que al Reino de España le estaba yendo del carajo. Sus pleitos con Inglaterra y luego con Francia habían obligado al rey español a sangrar todavía más a sus colonias. El virreinato se sostenía con alfileres desde hacía algún tiempo. Para colmo,  la situación financiera que se vivía desde los levantamientos armados de 1810 en la Colonia deprimió aún más al mercado interno y aumentó el bandolerismo y la inseguridad en general a lo largo del territorio.

Mención aparte merecen los medios impresos de la época. Soslayando el hecho que las noticias del otro lado del océano tardaban hasta seis meses en llegar a América, las primicias eran la mayor parte de las veces confusas o francamente contradictorias. Apenas entraban novedades sobre la abdicación del rey ante los franceses, o del ascenso al trono por parte de Fernando VII, cuando el barco de atrás decía que siempre no. La prensa novohispana se la pasaba dando bandazos magistrales, aunque también movida por sus propios intereses; los dueños de los diarios eran los comerciantes más ricos, quienes ejercían un poder monopólico organizado en los llamados “consulados”, especie de clubes o cámaras empresariales. Se dice que tan grande era el poder de estos consulados, que controlaban virreyes y gobernadores, e influían poderosamente junto con la Iglesia en su nombramiento. Una muestra de las veleidades mediáticas de esta prensa poco confiable es la siguiente: al virrey de la época, Iturrigaray, se le dibujaba en 1806 como un ente de bondad, ternura y misericordia interminables; para 1808 la misma prensa le daba más palos que a una piñata.  Así que durante el período comprendido entre 1806 y 1812 se fue gestando lo que me da por llamar con cierta suavidad el pináculo del rencor social. En breve, y para quienes gustan de estas cábalas, hay quien encuentra hartas semejanzas entre la época actual y aquellos ayeres. Crisis financiera, situación de guerra, sensación de inseguridad, encono social por las abismales diferencias entre las clases sociales, hartazgo ante una prensa deshonesta. Pero si uno lo mira bien, todos esos fenómenos son siempre una constante, ¿no es así?  Hay otros que sugieren, de manera más original, que tanto en 1808 como en 2008 la recuperación financiera de una desastrosa España se encontraba íntimamente ligada a su relación económica con América Latina.  Pero dejemos que de estas similitudes se ocupen los amigos de las chanzas y los artificios. Regresemos a los nuestro: la organización de las elecciones de noviembre de 1812.

Tomemos en consideración que el antecedente más inmediato de un proceso similar fue un conato de elección de representantes  para la Junta Suprema Central Gubernativa de España e Indias entre 1808 y 1809.  Dicho ensayo no acabó de muy buena manera. Los organizadores, miembros del Ayuntamiento de la Ciudad de México, fueron hechos prisioneros y pasados por cuchillo, como parte de un golpe de Estado orquestado por los consulados y la élite económica española de la Nueva España. El mismísimo virrey Iturrigaray había sido hecho prisionero, puesto en un barco y enviado junto con su enorme nariz y su juego de pelucas hasta la madre patria. En su lugar fue puesto un monigote: el virrey Venegas.

El contenido harto “liberal” de La Pepa había hecho que las autoridades se resistieran a su divulgación con la celeridad que ameritaba.  Fue hasta fines de septiembre cuando se dio a conocer la Constitución en la Nueva España. La convocatoria para las primeras elecciones ciudadanas se publicó a regañadientes el 15 de octubre de 1812 y dicho proceso se anunciaba para fines de noviembre. Durante este muy breve lapso de tiempo, el gobierno en turno se caracterizó por su desorganización, confusión y desaseo respecto a la organización del proceso electoral. Se podría simplificar diciendo que había dos grandes bandos jugándose los puestos de elección popular: quienes apoyaban la causa realista, esto es, quienes estuvieron detrás de la expulsión del virrey anterior y no deseaban grandes cambios en el status quo (llamémosles gachupines malos, para seguir con la caricatura), y aquellos que simpatizaban con el movimiento independentista; criollos en su mayoría. Estos últimos, los autonomistas americanos, fueron quienes se emplearon más a fondo en su campaña electoral, mientras que los oficialistas, como decía líneas arriba, se empeñaban más en la confusión y el despiste intencionado.

Considerando el escarmiento de la experiencia reciente,  los ricos comerciantes y españoles que ejercían el poder de facto no se explicaban que el llamado a votar en 1812 suscitara tal emoción. Es sintomático cómo se vivió el proceso en la Ciudad de México, ya desde aquel entonces la urbe más politizada de todo el territorio. Allí, incluso quienes no podían participar en las votaciones (frailes, damas perfumadas de sociedad) organizaban reuniones para el cotilleo y para arengar a los ciudadanos que sí podían votar.  Los registros de la época ilustran un movimiento extraordinario de parte de una población ávida de explorar sus nuevos derechos. Oradores espontáneos y folletines informativos aparecían por doquier, tratando de contrarrestar la desinformación del gobierno. Estos movimientos sociales tomaron por sorpresa a las autoridades, quienes no daban crédito del creciente interés suscitado entre la gente.

Llegó el día fijado para las elecciones en la Ciudad de México, 29 de noviembre de 1812.  Se instalaron mesas de votación en las parroquias. El procedimiento para votar era simple: cada persona se plantaba frente al escribano y a viva voz declaraba el nombre del candidato de su preferencia. En varias parroquias se presentaron a votar inclusive negros y criados. Viéndose desbordada la capacidad organizativa de las autoridades, muchos de estos pícaros también pudieron emitir su voto.

Entonces surgieron lo que pudiesen ser consideradas como las primeras prácticas de inducción y/o coacción al voto (prácticas que por fortuna ya no persisten en la actualidad): en algunas mesas se repartía pulque entre los votantes para atraer simpatías hacia tal o cual candidato; otros prodigaban diversas dádivas para el mismo efecto. Y aún se tiene constancia de la invención del carrusel, bonita estrategia que muchos años más tarde sería perfeccionada por el PRI, consistente en trasladar a una sola persona a votar en varias mesas electorales de parroquias diferentes.  

¿Cómo terminó aquella primera jornada electoral? Pulque o no pulque de por medio, el conteo de votos fue calamitoso para los realistas: los 25 representantes que debían ser elegidos resultaron todos americanos, simpatizantes de la causa independentista. Al darse a conocer estas cifras,  el populacho armó allí mismo un gran jolgorio.

Pero como al Virrey Venegas no le hizo gracia el resultado de la elección, anuló el procedimiento alegando las irregularidades del pulque y los alborotos causados por la celebración. Aplazó las nuevas elecciones para inicios de 1813.

Llegado el momento, le volvieron a dar una paliza. Desesperado, él y sus achichincles retrasaron lo más posible la instalación de las autoridades electas. Para su fortuna, en 1814 Fernando VII reinstauró el absolutismo en España y, para los revoltosos que buscaban un cambio favorable, todo se fue a la chingada de nuevo.

Momentáneamente.

 

 

Bibliografía

Ávila Rueda, A. La Constitución de Cádiz y la Independencia de México. En: Relatos e historias en México: Año IV, N° 43, marzo de 2012.

Constitución Política de la Monarquía Española, promulgada en Cádiz a 19 de marzo de 1812. Cádiz, España. Imprenta Real. En: http://cadiz2012.universia.es/pdf/doc_0007_cons_1812.pdf

Flores Caballero, R. (2009) Revolución y contrarrevolución en la independencia de México, 1767-1867. México, Ed. Océano.

Ferrer Muñoz, M. (1993) La Constitución de Cádiz y su aplicación en la Nueva España. México, UNAM.


invitación132

 

 

Cuando el cuerpo no espera

Lo que llaman amor.

Gustavo Cerati

I

Las noches se multiplicaron demasiado lento

Y las luces que alguna vez bañaron las calles

Como charcos de orina,

Fueron sofocadas por voces que solían encerrarse

En casas oscuras.

II

Entre todas aquellas voces busqué

Alguna que me pudiera servirme.

Y así me las arreglé para tejer historias

Mezquinamente elaboradas para arrancarte

Por lo menos una sonrisa, poder mirarte a los ojos

Para comprobar si me mirabas

O hacías lo mismo que yo hacía

Que no era otra cosa que mirar

A las cosas moviéndose, de un lado a otro,

Describiendo círculos concéntricos.

Y así transcurrió la noche hasta que

Las voces regresaron a casa.

III

No hay otra oscuridad que la de un cuarto

Con las luces apagadas,

En donde cada objeto; voluta de polvo

Ha sido depositado por el transcurso

De los cuerpos

Solitarios bajo el peso del aire

Y lámparas de tungsteno que no parpadean,

Imaginé entre las sombras a dos cuerpos

Tocándose como si fueran peces,

Ciegos y desesperados.

No me atreví a levantar una mano

Para enredarla entre rizos, o a enterrar la lengua

En el silencioso oleaje de las sábanas.

Los zapatos permanecieron en su sitio

Junto a todos los demás,

Y mi cuerpo solo dejó una huella

En la perfecta oscuridad de un cuarto

Con las luces apagadas.

IV

Café, vino animaron los pasos.

Las calles se abrieron azarosas

Y húmedas.

Un pequeño escondite

a la vista de todos.

Verdad y lamentos, planes

Y malos chistes

Dibujaron nubes que no me molesté

En mirar.

Apresurando el paso con más café

Y miel pegada a los labios,

La noche se volvió un abrazo.

V

Nada más es cuestión de tiempo

Uno, dos, tres, cuatro, cinco

Lo que media entre este espejo

Que me regala miradas obscenas

Vanamente evadidas mediante las noches

Lentamente multiplicadas,

Y el llanto silencioso

Que me aguarda, agazapado

En el marco de la puerta

Por tanto tiempo cerrada.

Lo único que tengo es esto

Mientras me miro la manos

Esperando a que ahí permanezcan hasta el día

Que me atreva a enredarlas entre rizos,

Humedad y el calor de otro cuerpo

Aguardando, en el marasmo nocturno;

Pasos, café y vino.

Y la noche que no se decide a regresar.

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